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Tertulia, arte y cultura están presentes en el Cafelibro

  • May 13, 2015
  • 2 min read

Edited Image 2015-5-28-17:6:26

La luz de media tarde entra por la ventana e ilumina los cuadros colgados en una de las paredes. La música instrumental acompaña al sonido sutil de los cubiertos sobre los platos de comida. A pesar de que tiene mesas de restaurante y una barra en la que se sirve comida, el Cafelibro no es un lugar común. Aquí, lo surrealista, lo abstracto y lo explícito de las fotografías expuestas en todas las paredes atrae la atención de manera inmediata. Y es que “el arte está en los detalles”, dice Sylvia Garrido, propietaria del lugar.


Hace 22 años, Sylvia Garrido y su esposo Gonzalo Proaño decidieron apostarle a la cultura en Quito. “Siempre nos gustó la vida bohemia y el arte, entonces pensamos en crear un punto de encuentro en donde esto se combinara”, dice Sylvia. Así nació el Cafelibro y con el tiempo se convirtió en un referente de los espacios culturales de la capital, en donde la literatura, la música, la poesía, la danza y el arte en general son el centro de atención.


Por eso, una de las paredes del local está destinada exclusivamente a las exposiciones pictóricas. Cada mes se muestran colecciones de cuadros, de diversos estilos y de diferentes autores, que los visitantes pueden apreciar e incluso comprar.


Los clientes frecuentes del Cafelibro son de diferentes edades pero tienen en común su afición a los eventos relacionados con el arte y la cultura.


Al caer la noche, la imagen de personas comiendo sin ningún apuro cambia por la de cuerpos en movimiento al ritmo del tango. Es un miércoles común en el Cafelibro. Las parejas disfrutan de la música y de los pasos que, al parecer, dominan. Detrás de ellas, la luz tenue alumbra una pared anaranjada en la que están pintadas siluetas de mujeres bailando. Según Sylvia, las personas que van los días de Milonga Tango, los tangueros –como ella los llama–, “son casi siempre los mismos, por eso son como parte de la familia”.


Cada día hay una actividad, los jueves se los dedica a la cumbia y los viernes a la salsa. Una vez al mes se realizan eventos de la Casa de la Cultura Ecuatoriana y los demás días hay presentaciones de libros, lecturas de tarot, clases de baile y espacios en los que se comparten poesía y canciones.


Al parecer, las diferentes manifestaciones de arte están presentes y se relacionan en el Cafelibro. Las paredes son testigos de ello y, a su vez, son las responsables de mostrar al conjunto de imágenes como un cuadro completo, en el que hasta la más mínima expresión es importante. Hasta el papel más pequeño aporta algo, como uno de los afiches que está pegado en una de las columnas y dice lo siguiente:


“Si Borges se enorgullecía no de sus libros sino de los que había leído, tal vez Ismael Olabarrieta podría enorgullecerse de lo que ha visto y ha aprendido”.



 
 
 

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