+Análisis
Reportaje:
Una mirada global a la cultura en Quito

Mural "Mar de lanas nocturno" realizado en el Festival Interventores de Metáforas, de la Casa de la Cultura Ecuatoriana
La escenografía, la caracterización de los personajes y las reflexiones que dejan las obras de teatro son algunos de los aspectos que Pamela Espinosa, de 21 años, valora cuando asiste a eventos culturales. Al contrario, a Dayanna Oviedo, de 23 años, no le gusta y prefiere ver programas de televisión, porque considera que son más entretenidos.
Como Dayanna, muchos jóvenes de Quito ven a las actividades culturales como aburridas. La explicación que da Ramiro Caiza es que “la cultura todavía está direccionada a determinados públicos que, la mayoría de veces, son reducidos”. El gestor cultural de la Casa de la Cultura Ecuatoriana (CCE) dice que hay dos barreras principales que se interponen entre la cultura y los jóvenes, una de ellas es la falta de educación cultural en los centros educativos y, la otra, la falta de lectores jóvenes de las agendas culturales.
Según él, la difusión de eventos culturales a través de Internet es un gran avance para involucrar a los jóvenes en los eventos artísticos de la CCE o de centros particulares. Sin embargo, Caiza dice que lo que se necesita, primordialmente, “es que las políticas y la gestión cultural sean más incluyentes”.
La sectorización de la cultura
El café y las buenas conversaciones, previas a la obra, no faltan en el Teatro Malayerba, ubicado al centro norte de Quito. El público de esa noche está conformado por gente mayor a 30 años de diferentes nacionalidades. La casa, de estilo colonial, le da un toque de romanticismo a la velada que empieza con el sonido retumbante de una campana antigua. La obra de esa noche es un monólogo sobre la vida de Tránsito Amaguaña.
Los espectadores parecen conocerse. Se saludan unos a otros con cierta familiaridad. A Carolina Barbato, de 27 años, docente universitaria, le gusta mucho el teatro y este es uno de los lugares que más visita por la calidad de los eventos y el ambiente. Ella es colombiana y desde que llegó a Quito, hace 3 años, ha intentado buscar lugares en los que pueda encontrar arte y cultura. Este es uno de los pocos que conoce.
La sala con capacidad para más de 25 personas está casi llena. La acogida de esta obra es buena. Geovanny, de 40 años coincide con la opinión de Carolina, “en la ciudad hay pocos lugares culturales” y “casi todos están ubicados en el Centro Histórico y el norte de Quito”, complementa la información el gestor cultural Ramiro Caiza.
Geovanny, Carolina y sus respectivos acompañantes disfrutan de los cambios de vestuario y las posturas que adopta la actriz para interpretar a Tránsito Amaguaña joven y Tránsito Amaguaña anciana. Otras personas del público asienten con la cabeza en señal de afirmación cuando ella dice que en 1946 empezó a organizar las escuelas de educación bilingüe.
Es información que saben quienes conocen de historia. Al igual que los datos históricos se comprenden por un conocimiento previo, el arte en general requiere que las personas tengan argumentos para comprenderlo, por eso “no podemos esperar que una persona que no entiende mucho de arte disfrute una muestra pictórica de la misma manera que alguien que sí la entiende”, dice el gestor cultural.
El monólogo Mamá Tránsito Amaguaña, de Sara Utreras, termina con aplausos y felicitaciones. Uno de los asistentes se dirige a información para solicitar una agenda de eventos y asegura que volverá la próxima semana para ver otra de las obras que se presentan en el Teatro Malayerba. Se despide con la cabeza de las personas que aún se quedan adentro de la sala y se pierde en el lumbral de la puerta.

Sara Utreras en una escena del monólogo Mamá Tránsito Amaguaña
Foto: Paola Carrillo
El costo económico de la cultura
En Quito, el precio de los eventos culturales es muy variado. Una persona puede disfrutar de obras de teatro, conciertos, proyecciones de películas y exposiciones de arte de manera gratuita, en ocasiones, y también puede pagar por estos eventos.
Muchas veces, la gente no está acostumbrada a pagar por los eventos culturales, esta situación, según Ramiro Caiza, puede volverse contraproducente pues no siempre debe ser el Estado quien administre la cultura. Caiza dice que hablar del valor económico de la cultura es un tanto polémico pues, en el caso de los artistas independientes, ellos necesitan ingresos económicos y más que todo que se valoren sus productos.
En la ciudad existen algunos lugares que las personas interesadas en la cultura pueden visitar.

Infografía lugares culturales y precios
Realizado por Paola Carrillo
Quito y la literatura
Otro de los factores importantes que promueven la cultura es el hábito de lectura. Según datos del INEC, los jóvenes ecuatorianos, entre 16 y 24 años, son quienes más leen. El 83% de esta población dedica su tiempo a leer. De manera específica, Quito ocupa el cuarto lugar de las ciudades que más leen en el país, después de Guayaquil, Ambato y Machala.
En general, Ecuador ha sido catalogado como uno de los países que menos leen con un índice de lectura, por persona, de medio libro al año. Sin embargo, iniciativas como la Feria Internacional del Libro que se realiza cada año, en Quito, intentan incentivar la lectura y proponen un intercambio cultural. Según el gestor cultural de la CCE, el desarrollo de festivales, congresos y encuentros es muy importante para las ciudades porque además de que se impulsa la cultura es una forma de atraer el turismo. A pesar de estas iniciativas, “a Quito aún le hace falta planificación en cuanto a la cultura y las políticas culturales”, señala Caiza.
Eventos en salas vacías
Es una mañana lluviosa de miércoles, los sonidos de los instrumentos musicales se escuchan a lo lejos pero se intensifican al acercarse a una de las salas de ensayo de la Orquesta Sinfónica Nacional.
Un joven violinista mira con atención al director con la expectativa de que le dé la señal para incorporar la melodía de su instrumento a la de los demás. La batuta se mueve en su dirección y su mano hace, instantáneamente, que el arco se deslice por las cuerdas del violín. La composición va llegando a su fin, el tenor se prepara para cantar la última estrofa y el director disminuye la velocidad de los movimientos de sus manos. Cualquier persona puede presenciar esta escena.
En otra sala, los colores vibrantes, fucsias, verdes, amarillos y azules resaltan en los cuadros de la exposición Caos y Cosmos de la artista ecuatoriana Fany Moscoso. Dos hombres adultos miran los lienzos y discuten. Nadie más está en la sala de exposiciones. Según Caiza, la forma como se promocionan los eventos culturales no son los más adecuados porque principalmente en los medios de comunicación no se les da el espacio necesario y la gente no se entera. A veces por falta de difusión, las salas están vacías el día del evento.
Actualmente, el mayor reto de los gestores culturales y las entidades culturales como la CCE es la promoción de los eventos en una ciudad que fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad, por la Unesco en 1978, en la que la cultura está en sus calles y en su gente.